
Por
fin llegó el momento de introducirnos en la vida del primer insigne tenor
español. Nació en Roncal, en Navarra, el día 9 de enero de 1844 con el nombre
de Sebastián Julián Gayarre Garjón. Era hijo de Mariano Gayarre y María Ramona
Garjón, que eran pastores.
Su
vida fue muy normal hasta finalizados los estudios primarios, momento en que, con
13 años, empezó a trabajar, siguiendo la senda de sus padres, que desempeñó
durante 2 años.
En
1859, ya con 15 años, su padre se puso de acuerdo con un conocido suyo, propietario
de una mercería en Pamplona y empezó a trabajar como aprendiz. Durante este
periodo fue cuando se produjo su primer contacto con el mundo de la música, después
que, al pasar por delante del
establecimiento la Banda Municipal de Pamplona, oyó y vio cómo actuaban. Y sin
pensar en sus obligaciones laborales, dejó el trabajo y marchó contento y
ensimismado detrás de ellos. Eso fue suficiente motivo para que el dueño lo
pusiese en la calle, por lo que tuvo que regresar a Roncal.
En
1860 comenzó a trabajar en una ferrería de la villa navarra de Lumbier, en la
que permaneció dos años. Dos años después, en 1862, volvió a Pamplona, donde
trabajó como herrero en la empresa de Salvador Pinaki hasta 1865.
Era
muy normal oír cómo cantaba durante el trabajo. Eso dio lugar a que un buen
compañero lo animara a que se apuntase al Orfeón Pamplonés, que dirigía Joaquín
Maya. Éste, al escucharlo, lo admitió como primer tenor. De esa forma entró en el
mundo del solfeo, con el maestro Miguel Hilarión Eslava, quien, al conocer sus
virtudes, lo mandó a Madrid, donde ganó una beca del Conservatorio.
En
1866 comenzó sus estudios de música con el profesor Lázaro Mª Puig y en 1867 se
presentó por primera vez ante el público en Tudela.
En
1868 estalló en España la conocida como revolución “Gloriosa”, que puso fin a
la monarquía de Isabel II. Inicialmente Gayarre la vio con buenos ojos, pues era
liberal e incluso, se dice, que miembro del Partido Republicano. Pero lo cierto
que una de las primeras reformas que aplicó el nuevo Gobierno fue la supresión
de plazas de pensionados del Conservatorio. De esa manera, al año siguiente se
quedó sin la beca de estudios. Actuó como corista en la Sociedad de Conciertos
de Madrid, hasta que fue rechazado por el maestro Joaquín Gaztambide.
Esa situación
le obligó a regresar a Pamplona, donde sus protectores y amigos prepararon una
función benéfica con el fin de ayudarle a sufragar los gastos de su marcha a
Italia. A eso se añadió que la Diputación Foral de Navarra le concedió una beca
de 6.000 reales, lo que le permitió continuar con su formación en el canto.
El 25
de mayo de 1869 llegó a Milán, donde siguió sus estudios con el maestro Gerli.
Eliminó su primer nombre, Sebastián, y pasó a llamarse artísticamente como Julián
Gayarre. A los pocos meses de su llegada a Italia alcanzó un éxito clamoroso,
lo que supuso que su carrera resultara imparable.
Ese
mismo año firmó un contrato con el Teatro de Varesse, que le supuso ser el primer
tenor de la ópera El Elixir de Amor, de Gaetano Donizetti. La representación fue el
día 5 de octubre. Gayarre se encontraba tranquilo, reinando un gran silencio al
presentarse en escena. Con su voz fresca, de timbre dulce y purísimo, durante el
primer entreacto no se oyó más que una frase entre los espectadores:
“¡Que bellísima voz!”.
Pese
a ello, esperaban para juzgarlo definitivamente con la célebre aria del tercer
acto “Una furtiva lágrima”. Pero en el instante que se disponía para salir a
cantar su aria, le entregaron un telegrama, que abrió y leyó, con una estremecedora noticia:
“Con profundo pesar
le participo que su pobre madre ha dejado de existir. Te acompaña en tu legítimo
sentimiento. Gregorio”.
Con
el comienzo de los primeros compases orquestales del aria salió a escena y cantó. Como dice Julio Enciso en su libro Memorias de Julián Gayarre:
"Gayarre entonces no era el intérprete de un personaje; era el personaje
mismo que lloraba sus propias desdichas con notas de lágrimas".
Cuando
terminó, la ovación fue inmensa, con todo el público aplaudiendo y vitoreando
fanatizado. La noticia de la cruel desgracia llegó como el rayo desde los
bastidores hasta el público. El éxito, pues, había sido un triunfo completísimo.
El
triunfo en Varesse señaló el primer día de gloria para Gayarre, al que
siguieron muchos más, que se concretaron en forma de contratos por los
principales teatros de Italia. Luego saltó a San Petersburgo, donde cantó por
primera vez su ópera predilecta, La Favorita,
también de Donizetti. Y le siguieron Moscú, Viena y otras ciudades de diferentes
países europeos, incluyendo España.
Pero
su consagración definitiva fue en Milán, concretamente el 2 de enero de 1876,
cuando interpretó su siempre obra preferida La
Favorita en el teatro de La Escala. Considerado como el más prestigioso
escenario del canto, a Gayarre se le llegó
a calificar como el mejor tenor del mundo.
Se fueron
sucediendo, así, sus grandes y triunfales actuaciones por los mejores teatros
del mundo: además de La Escala de Milán, el Teatro Real de Madrid, el Liceo de
Barcelona, el Teatro de San Carlos de Lisboa, la Ópera Estatal de Viena, el Covent
Garden de Londres, la Ópera de París, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Metropolitan
de Nueva York, el Teatro Mariinski de San Petersburgo, etc., cosechando éxitos en
todos ellos.
A
primeros de mayo de 1880 Julián Gayarre cantó Lohengrin en el Covent Garden de Londres y fue allí donde Richard
Wagner, presente entre el público, se acercó emocionado a felicitarle por su
interpretación y le dijo:
“Así había soñado que fuera el
personaje”.
En el
mes de agosto de 1882 falleció su padre, Mariano, a quién quería como a nadie
en el mundo. Poco antes pudo recoger su
último aliento y tener al menos el consuelo de verle expirar entre sus brazos.
A comienzos
de abril de 1889 estrenó en el Teatro Real de Madrid la obra Los Pescadores de Perlas, de Georges
Bizet. La noche del día 8 fue la última representación
de esa ópera. Cuando cantaba el aria “Je crois entendre encore” (1), al intentar
alcanzar una nota aguda, se le rompió la voz y sufrió un desvanecimiento.

Ese
incidente le sumió en una profunda depresión y días después, exactamente el día
23 de diciembre, enfermó con una bronconeumonía gripal. El 2 de enero de 1890,
quien era considerado como el mejor tenor del mundo y se le denominaba también “la
voz de ángel”, falleció en Madrid. Tenía 45 años.
En la
fachada de la casa donde ocurrió el óbito, el número 5 de la Plaza de Oriente, existe
una placa conmemorativa que lo recuerda como el “tenor sin rival”.
Ya
fallecido, los médicos le extrajeron su laringe para estudiar el origen de su
prodigiosa voz. Actualmente se encuentra en la Casa-Museo de Julián Gayarre en
Roncal, su pueblo natal.
Su muerte
fue un acontecimiento de enorme duelo popular: Desde el Teatro Real hasta la
Estación de Mediodía, en Atocha, se formó un multitudinario cortejo fúnebre,
acompañado por la Orquesta y Coros del Teatro Real, que interpretó piezas
representativas. Entre otras, la “Marcha Fúnebre” de Chopin y coros de La Favorita.
Ya en
la estación, fue trasladado a Roncal, donde descansan sus restos en un mausoleo
de mármol de Carrara y de bronce. Fue diseñado y esculpido por Mario Benlliure,
siendo considerado como una obra maestra de la escultura funeraria.
Julián
Gayarre murió soltero, pero se sabe que tuvo una hija con la soprano María
Mantilla. Se llamó como su madre, a la que Gayarre no olvidó en su testamento.
Entre
las múltiples condecoraciones obtenidas, caben destacar:
*1883. Orden de Santiago, por Luis I de Portugal.
*1885. Cruz de Isabel la Católica, por el Gobierno de España.
*1886. Cruz de Carlos III, por la reina María Victoria.
*1888. Caballero de la Corona de Italia, por el Gobierno italiano.
Así
finaliza la breve historia del, sin lugar a dudas, mejor tenor habido en el
siglo XIX.
(1)
Ofrezco para escucharla una versión del aria interpretada por Alfredo Kraus.
Bibliografía
Enciso,
Julio (1990). Memorias de Julián Gayarre.
Bilbao, Laida.
Fundación
Julián Gayarre (2018). Biografía, Julián
Gayarre. Roncal, Navarra.
Wikipedia.
Julián Gayarre.