miércoles, 24 de septiembre de 2014

Viaje a Lugano y reencuentro (julio y agosto de 2014)

El 1 de octubre de 2011 escribí en este cuaderno “Encuentro entre grandes amigos”. Hoy quiero haceros saber que, después de 3 años y gracias a la amabilidad, cariño, desinterés y gentileza de nuestros amigos Edith y Giancarlo, nos hemos vuelto a reunir para pasar unos inolvidables días, reviviendo el pasado y disfrutando del presente. Quiero aclarar que estos amigos en uno de sus viajes a España también estuvieron en nuestro pueblo, Valdelageve, y del que gratos y bonitos recuerdos mantienen.

Por fin, mis queridos paisanos, concluyó el tan esperado viaje, y la verdad es que mereció mucho la pena. La amistad habida entre las familias Ghillioni – Montero, comenzada a principios de los años 60, continúa en su momento más alto, maravilloso, que, según avanza el tiempo, va in crescendo.

El viaje comenzó el sábado día 26 de julio. A las 18 horas aterrizamos en
Milán y allí estaban esperándonos Giancarlo y Edith. Después de grandes besos y abrazos, como es costumbre, nos pusimos en marcha. Su ilusión era la de agasajarnos, haciéndonos felices en cada momento y para ello nos dirigimos a la ciudad italiana de Varese, pequeña, pero coquetona. Desde ahí saltamos a Ponte Tresa, donde nos tenían reservada la primera sorpresa: cenar en el restaurante chino de su amiga Lucia. La verdad es que el menú fue muy amplio y variado, todo ello regado no sólo con un buen vino, sino con una alegría algo inusual. La llegada a Lugano estuvo impregnada de gran alegría y de bonitos planes de futuro.

El domingo 27 desayunamos primero en la terraza, acompañados de unas hermosísimas vistas, como la verde campiña y los montes San Salvatore,
Generoso, etc. Partimos después hacia Rodi Fiesso (900 metros). La idea era subir en el teleférico al lago Tremorgio (1.800 metros) y así ocurrió. El rato que allí pasamos fue primoroso, con un paseo alrededor del lago, un aire y un ambiente que hicieron que el apetito se abriese. La comida nos estaba esperando, también en una terraza al aire libre, lo que sirvió para recrearnos de las hermosísimas vistas y hacer que el menú fuese mucho más apetitoso. Bajamos en el teleférico, pero con el coche volvimos a infiltrarnos entre montañas hasta llegar a Caseificio del Gottardo, donde paramos para ver una quesería, comprar unos quesos y tomarnos un café. Desde allí, sin dejar de zigzaguear, aparecimos en un inmenso valle regado por el río Ticino, de aguas claras y piedras blancas, limpias y relucientes. Después de unos kilómetros paramos en Giornico, pequeña, pero bonita, localidad, donde tomamos unos refrescos en una grotto y donde volvimos a brindar por la amistad. Ya en casa Edith se encargó de preparar una exquisita cena al estilo alemán.

El lunes 28, una vez desayunados según costumbre, fuimos a visitar Lugano, el lago, sus iglesias, comercios, etc. La comida la hicimos en casa y sobre las 15 horas nos dirigimos a visitar el coquetón pueblo de Bré, sito al otro lado del monte que lleva su nombre. Amén de su tipismo, estaba adornado por múltiples  esculturas situadas por doquier. Subimos caminando hasta la cima del monte que se encuentra en el lado contrario, pero mirando a Lugano, el lago que lleva su nombre y las diferentes montañas. Precisamente allí hay un excelente restaurante-cafetería donde aprovechamos la ocasión para sentarnos y deleitarnos, no solamente con el cafetito que tomamos, sino con las vistas que con anterioridad narré. Lástima que el tiempo comenzara a alborotarse, pues las nubes fueron apareciendo, las montañas se fueron cubriendo, en la lejanía se vieron los relámpagos y más tarde se oyeron los truenos. No cabe duda que el encanto iba cambiando, era otro, diferente. No obstante, decidimos marchar y así lo hicimos, pues teníamos que caminar media hora aproximadamente hasta llegar a Bre. Total que entre saltos y risas llegamos a donde teníamos el coche. Por la tarde nos unimos a Giancarlo, que durante la mañana había estado trabajando, y fuimos a Paradiso, localidad unida a Lugano, por la que dimos un paseo, para acabar sentándonos en un restaurante siciliano. Era la hora de cenar y así lo hicimos. Edith, Giancarlo y Choni pidieron pasta con mariscos, pero yo, por ser alérgico, con carne, todo ello regado con un buen vino. Tomamos tarta de postre, cafetito a petición y brindamos por la amistad con champán.

El martes 29 desayunamos y comimos en casa. La mañana estuvo poco apetecible, pues llovió torrencialmente con la compañía de truenos y relámpagos. Las vistas tan hermosas que teníamos desde casa desaparecieron por una gran cortina de nubes. ¡Una experiencia más! Después de comer nos arriesgamos y fuimos a Montagnola. Nuestra idea era la de
visitar la casa-museo del premio Nobel de Literatura Hermann Hesse, que, por cierto, estuvo muy interesante y hermoso. Para finalizar nos recreamos con unas vistas de paisajes muy bonitas. Por supuesto, todas ellas rodeadas de nubes y de ahí su encanto. Claro que, como aquí el joven no llevó la máquina de hacer fotos, entonces Edith se brindó a llevarnos al siguiente día para hacerlas. Por la tarde, junto con Giancarlo y Claudio (uno de sus hijos), fuimos a una grotto en el monte San Salvatore, donde cenamos. ¿Y qué cenamos? Pues una ración de embutidos variados y costillitas de cerdo a la brasa acompañadas de patatas cortadas en gajos a la brasa, y de postre, un helado sobre una base de licor y café a elección.

El miércoles 30, después de desayunar, dimos una vuelta al laghetto de Muzzano, para subir después a Breganzona y regresar a casa. Por la tarde volvimos a Montagnola, pues había que hacer las fotos que tenía en mente y que, por cierto, ¡qué bonitas quedaron! Visitamos
un camping y pasamos al lado del aeropuerto de Lugano, para desde allí ir a buscar a Giancarlo, que nos tenía otra sorpresa. Se trataba de recordar tiempos pasados, para lo que atravesamos el lago de Lugano- sí, sí, el lago- por un puente con carretera, autovía y línea férrea, y entramos  en la pequeña y bonita localidad de Medricio. Desde allí subimos al monte Generoso y ya casi en la cúspide paramos en la grotto de San Nicolao, antiguamente regentada por la simpática y muy especial Marisa. Cenamos de maravilla y, después de tomarnos el café y la copita de citronelle, bajamos nuevamente a Medricio. Teníamos que ver en esta ocasión sus rincones y calles más típicas, al igual que las torres e iglesias iluminadas.

El jueves 31, con tiempo espléndido, partimos, después de desayunar, a una zona llamada Centovalli (Cien valles), con un nombre que indica todo. Un poquito más adelante paramos para tomar un  teleférico y subir hasta el pueblecito de Rasa, situado a casi 2.000 metros. Un lugar paradisíaco, donde la paz reina y la vista se recrea viendo numerosos pueblecitos repartidos por las montañas, la hermosura de los valles y el gran macizo. Después de un hermoso paseo nos sentamos a comer. Después de la
sobremesa descendimos nuevamente, tomando el coche con dirección a la presa que desde arriba divisábamos. Nos adentrarnos entre las montañas para ver la pequeña y hermosa localidad de Palagnedra. Desde allí fuimos a Locarno, ciudad esplendorosa situada en la orilla del lago Maggiore. La visitamos e incluso la gran plaza donde se celebra el festival internacional de cine de Locarno, con 8.000 sillas. De allí nos fuimos a Verscio, donde Giancarlo tenía reservadas
las entradas para el teatro Dimitri. Antes de la función estuvimos viendo la
casa-museo del payaso y la fundación que lleva su nombre. Nos dio tiempo también para cenar, sólo que, como los estómagos estaban repletos, nos conformamos con tomar un gazpacho español –así, como lo relato-, que, por cierto, tenía un buen sabor. Después entramos al teatro a ver la función, que era un concierto humorístico protagonizado por Nina Dimitri y Silvana Gargiulo,  y con el título “Buon Appetito”. Fue un viaje musical a través de los diferentes gustos del mundo, representado con ironía y poesía. Tal fue así, que Choni, Edith y Giancarlo se lo pasaron de maravilla, pues las risas se sucedieron una tras otra.

El viernes 1 de agosto apareció de nuevo la lluvia y la tormenta, pero con menos fuerza. Por eso a media
mañana partimos a visitar diferentes puntos de montaña con vistas espectaculares. Una gran parte de ellas, generadas por el contraste con las nubes. Al medio día llegamos a Cureggia y, más exactamente, a la grotto da Pierino, cuyo propietario, Mauro, gran amigo de Giancarlo, nos atendió con la misma delicadeza que lo hiciera hace tres años. Comimos y -cómo no- de maravilla.  Después partimos rumbo a Como, ciudad italiana, por la que paseamos, vimos el lago, descansamos y con la alegría del deber cumplido acabamos regresando a Lugano. La cena la hicimos en casa y estuvo muy buena y amena, a la espera de lo que iba a llegar después: los fuegos artificiales, pues no en vano estábamos disfrutando del día de fiesta nacional por excelencia para Suiza. Para ello nos trasladamos al lago, entramos en un hotel -no recuerdo el nombre, aunque sí que estaba situado en primera línea del paseo-, subimos al ático, lugar donde estaban los huéspedes y algunos invitados, tomamos silla y mesa, y también fuimos agasajados con bebida y comida. Desde allí, y durante 30 minutos, divisamos los fuegos, que quedaron hasta reflejados en el lago. ¡Toda una maravilla!

El sábado 2 de agosto fue el día destinado a visitar el lago Maggiore, que en su mayor parte se encuentra en tierras italianas. La primera advertencia de Giancarlo fue la de comentarnos que pasaríamos debajo de la ciudad de Locarno por un túnel de 9
kilómetros, como así fue. Luego llegamos a Cannero Riviera, localidad italiana que visitamos, para más tarde asentarnos en el ristorante Magnolia. Comimos como siempre, de maravilla, seguimos haciendo el recorrido del lago. Hicimos una escala en la Stresa, ciudad de congresos,  quedando maravillados por los  3 ó 4 magníficos hoteles que vimos a la entrada. Ya en la ciudad antigua aprovechamos la ocasión para descansar y tomar unos espléndidos helados italianos. Luego partimos hacia Arona, la última localidad del lago. Giancarlo tuvo la idea de mostrarnos la gran escultura conocida como Coloso de San Carlos Borromeo y, una vez vista, corrimos unos kilómetros para dar la vuelta al lago, pasando el gran puente de hierro, y subir por el lado contrario. La llegada a Lugano fue correcta. La cena, en casa, fue casi de despedida, de ahí que resultase un tanto emotiva. El viaje de partida  estaba preparado para el siguiente día, para salir a las 7 de la mañana, pues teníamos que volver a Milán, donde tomaríamos el avión. Claudio ya nos había preparado y puesto al día los pasajes.

El domingo 3 Edith y Giancarlo nos llevaron hasta el aeropuerto de Milán y a las 10 llegó el momento de la
despedida ¡Qué pena y a la vez qué alegría! Nuestros queridísimos amigos retornaron vía Lugano y nosotros nos introdujimos en la zona de embarque. La llegada a Madrid fue a las 15 horas, una hora más tarde de la prevista. Por ello  perdimos el bus de retorno, por lo que tuvimos que hacer nuestros pinitos y esperar hasta las 20 horas para la partida a Salamanca. Nuestra aventura finalizó a las 22,30 con la llegada a nuestra ciudad.  



(Fotografías. Juan-Miguel Montero Barrado)

domingo, 1 de junio de 2014

Marcha peregrina de La Alberca a Valdelageve

Por fin llegó la etapa que estábamos esperando tanto los peregrinos como este gevato que os escribe. Me encontraba pendiente de ella desde que este curso comenzamos a hacer el Camino de Santiago que hacían los portugueses. Éstos  entraban por la zona de Aldea del Obispo y cruzaban, entre otras poblaciones, Ciudad Rodrigo, para acabar visitando, ya en Sierra de Francia, a la imagen de Nuestra Señora la Virgen de la Peña de Francia, sita en la peña que lleva su nombre y a una altura de 1.725 metros de altitud. De allí iban a La Alberca, lugar donde había un hospital y albergue de peregrinos, donde estos eran atendidos y aprovechaban para descansar. Quedaban las etapas a Valdelageve y, la última, hasta Puerto de Béjar, lugar donde hubo un emplazamiento romano llamado Caelionico y por donde pasaba la Calzada Romana, que, a posteriori, se le denominó también Vía de la Plata, que es el camino a seguir hasta llegar a Santiago de Compostela.

Pero volviendo al tema que nos interesa, eran las 9,30
del pasado sábado 14 de abril cuando ya en La Alberca comenzamos, como es costumbre antes de empezar una marcha, a tomar las perronillas y chupitos de aguardiente correspondientes. En esta ocasión fueron obsequio del señor alcalde del municipio, que a su vez nos habló, entre otras cosas, del tema que acabo de exponer. Después, entre aplausos, se le obsequió con el libro de Salvador Llopis Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago y se le impuso la insignia del peregrino de nuestra Asociación, que fue hecha por el ilustre escultor salmantino Venancio Blanco.

Finalizados estos prolegómenos comenzamos raudos
la marcha, pues no había tiempo que perder: teníamos que recorrer 26 kilómetros, por la sierra. La primera localidad por la que pasamos fue Monforte de la Sierra, sita en un alto de la montaña con hermosas vistas. 

Serpenteando el camino pasamos de vez en cuando por tierras con árboles frutales: los cerezos estaban
colmados de cerezas, lo que hizo que de vez en cuando hiciésemos una paradita para saciar el
instinto. Cuando llegamos a Cepeda paramos para tomar un tente en pie, pues había que reponer fuerzas. La tercera parte, hasta El Soto
(Sotoserrano), tuvo mayor dificultad, ya que el calor apretaba y los ascensos y descensos eran más pronunciados. Pero mira por dónde que, al llegar al pueblo, volvimos a encontrar otra zona donde nuevamente los cerezos abundaban. Su fruto era de excelente calidad y lo probamos -cómo no. Por fin entramos en el pueblo y volvimos a hacer una nueva parada. 

Los 11 kilómetros que faltaban estaban conceptuados
como duros -como así fue- al continuar por montaña. En esta ocasión, sin embargo, al estar cubierta por monte bajo, no había sombras, más bien un sol de justicia. La pisada, además, era mala, con algunos repechos muy pronunciados. 

Menos mal que la vista de vez en cuando se recreaba viendo zigzaguear en la hondonada el curso del río
Cuerpo de Hombre. Cuando íbamos por la cima de la montaña, faltando uno o dos kilómetros, pudimos observar mi querido pueblo de Valdelageve y los paisajes que le rodean. ¡Qué alegría, que ilusión! Llegamos cansados, pero mereció la pena.

Paramos en el bar, donde fuimos recibidos por Alejandro, gevato, que se portó de principio a fin de maravilla con nosotros. Dimos buena cuenta de las viandas que llevábamos y de las consumiciones que hicimos, y, ya descansados y repuestos, nos preparamos para ir a ver el pueblo y a partir de aquí tuve que hacer de guía.

Lo primero en mostrarles fue la campiña que nos rodeaba, haciéndoles sabedores de algunos nombres. Luego les mostré lo que tanto estaban deseando, que era ver la calle que lleva mi nombre. Aquí aprovecharon para hacerse algunas fotografías y hablaron con algunos vecinos, con lo que quedaron tan contentos. Para finalizar acabamos en la iglesia,
fábrica que les encantó -cómo no, después de haber oído hablar tanto de ella- y les narré algo de lo que a ella respecta. Cantamos algunas estrofas del “Perantón de Valdelageve” -“En el pueblo de Valdelageve, / a tomillo y a jara huele”- terminando bajo la dirección de Eduardo, que me echó una mano. Dado mi estado emocional, dijo unas palabras muy bonitas. Finalizamos rezando tres Aves Marías, que es una buena costumbre peregrina.

En el regreso todo fueron parabienes por la marcha y
la estancia en el pueblo. Los peregrinos estaban ansiosos por conocerlo, pues no en balde el perantón es cantado en casi todas las marchas. Las vistas fueron muy bonitas y sirvieron para recrearnos y llenar nuestro cuerpo y espíritu de ánimo.

(Fotografías: la primera es de JM Montero Barrado; la sexta, de Juan-Miguel Montero Barrado; y el resto, del peregrino Francisco Javier)

sábado, 31 de mayo de 2014

Algunos localismos utilizados en Valdelageve (vocablos o locuciones que solo tienen uso en un área restringida)

Los vocablos que seguidamente aparecen en este escrito los he ido recogiendo de distintas formas: haciendo preguntas, a viva voz, escuchando conversaciones, dialogando con personas auténticamente gevatas y, fundamentalmente, por medio de la convivencia.

Como también podréis observar, algunas de las locuciones no son privativas de Valdelageve, no le pertenecen sola y exclusivamente, sino que son empleadas también en otros lugares. He aquí la relación de localismos que he ido recopilando:

Abuja: Aguja.
Abujero: Agujero.
Acenoria: Zanahoria.
Achapandarse: Agazaparse.
Achiperres: Trastos, cacharros.
Agatear: Trepar por un árbol.
Ajumarse: Ahumarse.
Alambrar: Poner un anillo o alambre en el hocico de los cerdos para que no hocen.
Albehaca: Albahaca.
Anial: Almiar.
Amular: Enfadarse.
An ca: A casa de.
Ande: Donde, a donde.
Anque: Aunque.
Ansión: Morriña, nostalgia.
Antaño: Años pasados.
Antiel: Antes de ayer.
Añurgarse: Atragantarse.
Apañar: Arreglar.
Arrastrá: Algo despectivo.
Arrecío: Persona con mucho frío.
Arriate: Protégete (“protégete mientras pasa el temporal”).
Asín: Así.
Asina: Así.
Atentar: Tocar algo.
Atrancar: Cerrar.
Badil: Recogedor metálico.
Bandujo: Vientre de los animales.
Barrigá: Estómago de la cerda, redondo y más pequeño que el del cerdo.
Bocín: Tapón de una poza.
Borrajo: Rescoldo.
Cachuela: Molleja de pollo.
Cagaluta: Excremento de ganado.
Cagueta: Diarrea.
Calvotá: Fiesta nocturna para asar castañas.
Calvote: Castaña.
Calvotero: Vasija para asar castañas.
Calzones: Pantalones cortos.
Cantero: Coscurro, rescaño, pedazo de pan.
Cayá: Callada.
Chacho: Muchacho.
Chaima: Fogata (“haz una chaima y nos calentamos”).
Chambra: Blusa.
Chiquinino: Muy pequeño.
Choto: Ternero.
Corato: Desnudo.
Corcuño: Encogido.
Dadil: Dedal.
Dambos: Ambos.
Dende: Desde.
Deo: Dedo.
Digendo: Diciendo.
Dijon: Dijeron.
Dil: Ir.
Embair: Distraerse.
Enaguas: Combinación.
Endemás: Demasiado.
Endigual: En vez de.
Endilgo: Mal arreglo.
Entavía: Todavía.
Escarabujao: Liado, enmarañado (el pelo).
Espelde: Carácter, semblante.
Estinao: Extraviado.
Farraguas: Persona que va desaliñada.
Frejón: Fréjol.
Fusquia: Temporal, tormenta (“arríate mientras pasa la fusquia”).
Gesa: Es la palabra que sustituye a dehesa.
Gorrinto: Gorrión.
Guarrapo: Cerdo.
Guarro: Grajo.
Habemos pasado: Hemos pasado.
Haiga: Haya (“pegó sin que haiga motivos”).
Hijuela: Documento donde se reseñan los bienes que tocan a una artición.
Hogaño: Se refiere a este año (“hogaño hay buenas patatas”).
Hubon: Hubieron.
Jarapal: Camisa fuera (“métete el jarapal”).
Jerío: Herido.
Jimplar: Sollozar.
Jincar: Hincar.
Jundir: Hundir.
Jurgar: Hurgar.
Justillo: Sujetador, prenda de mujer.
Lamber: Lamer.
Machorra: Mujer estéril.
Maleta: Persona torpe.
Manteo: Falda.
Masar: Amasar.
¿Me ajuntas?: ¿Quieres ser amigo mío?
Medrar: Crecer.
Miaja: Una pizca de algo.
Mía tú: Mira tu.
Mi señor: Suegro.
Mi señora: Suegra.
Pacencia: Paciencia.
Palante, está: Está embarazada.
Palastra: Rastro de madera que se utiliza para recoger el heno.
Pánfila: Mujer sosa.
Paralís: Parálisis.
Pegocha: Urraca.
Peñisco: Pellizco.
Pintear: Lloviznar.
Pitarra: Vino de propia cosecha.
Prao: Prado.
Puchas: Requesón, natillas.
Puson: Pusieron.
Quiciás: Quizás.
Recentadura: Levadura.
Relente: Humedad y frescor al amanecer.
Refajo: Combinación.
Relente: Humedad y frescor al amanecer.
Rodete: Rosca que se hace con la trenza del pelo.
Sayas: Falda.
Seastinao: Despistado (de despistarse).
Segurilla: Hacha.
Sigún: Según.
Sobrao: Desván.
Tornaboda: Día después de la boda.
Trajon: Trajeron.
Trasmontao: Perdido.
Trujo: Trajo.
Varangón: Vara muy larga.
Vejigón: Estómago del cerdo, alargado y mayor que el de la hembra.
Veleahí: Si, pues mira, tu verás.
Vinon: Vinieron.
Zarrias: Algo que no tiene valor.

(Fotografías: todas son de Juan-Miguel Montero Barrado, menos la tercera)

lunes, 19 de mayo de 2014

Un foto-montaje dedicado a San Juan XXIII

Este es un foto-montaje que he preparado para el cuadro de San Juan XXIII, que se encuentra en la iglesia de Valdelageve.



sábado, 17 de mayo de 2014

Nombre de las tierras del término de Valdelageve


Me he tomado la molestia de investigar, hasta la total catalogación -creo- de los nombres de nuestro pueblo. En un principio los iba apuntando cuando hablaba con mis paisanos. Yo mismo provocaba el recuerdo de los nombres, pero finalmente, para llegar a confeccionar esta lista tan completa, fue necesaria la ayuda de los miembros del ayuntamiento, quienes me han dado todo tipo de facilidades. Como resultado transcribo a continuación la siguiente lista:

Álaga
Albarrana
Alisedilla
Arraclanera
Arrollo de la Aliseda
Arroyo de la Fuentecilla
Arroyo Fuente Linosa
Arroyo Herrao
Arroyo las Tres Cruces
Arroyo de Valdibuetre
Arroyo de Valtravieso
Atajo del Camino del Servón
Cagancho
Caganchas
Calleja de las Eras
Calleja del Majuelo
Calleja del Rebollar
Calleja de las Viñas
Camino Cerrada del Chopo
Camino las Cruces a la E…
Camino Depósito de las Aguas
Camino Fuente de Hontanar
Camino de la Fuente Linosa
Camino Granadilla
Camino de Horcajo
Camino Lagunilla
Camino los Linares a los…
Camino de Ortigosa
Camino del Palancar
Camino del Servón
Camino de Valdelageve a Aldeacipreste
Camino de Valdelageve a Lagunilla
Camino de Valdelageve a Montemayor del Río
Camino de Valdelageve a Sotoserrano
Camino de Valtrujillo
Camino Viejo del Colmenar
Camino Viejo de Horcajo
Camino Viejo de Lagunilla
Canal Central Nueva
Canal Central Vieja
Carretera
Casa los Moros
Cerrado de Ortiguera
Charco Frío
Charco Vega Larga
Cortinal
Cruz del Puerto
Dehesa Roblellano
Ds la Carretera
Ds Depósito de Aguas
Ds las Heras
El Adriano


El Andrino
El Bonal
El Cascajal
El Cepal
El Cerrado
El Gericó
El Guijarro
El Jogarzal
El Kilómetro
El Legío
El Palancar
El Portazgo
El Rebollar
El Rivero
El Rodeo
El Trigal
Entrada Arroyo Fuente
Entrada de los Granadillos
Entrada del Palancar
Era la Mata
Eras del Pozo
Fábrica Vieja
Fuente de Acullá
Fuentecilla
Fuente Linosa
Granadillos
Hontanar
Huerta el Sordo
Huertos del Río
La Calleja
La Canchera
La Fuentecilla
La Galga
La Jimona
La Pesquera
Las Eras
Las Helechozas
Las Rutelas
La Tejea
Las Tres Cruces
Las Viñas
Las Zorreras
Los Cerros
Los Guijos
Los Hoyos
Los Majuelos
Los Rodrigos
Mata del Arenal
Mata Gorda
Molino las Hoyas
Olivar Helechozas
Olivitas
Peña el Azufre
Peña Zamarra
Panchala
Pista de las Helechozas
Pista de la Huerta
Pista del Huerto del Lobo
Pista del Río
Pitanillas
Regato del Bonal
Regato del Cagancho
Regato de la Fuente
Regato del Rebollar
Regato de los Rodrigos
Río Cuerpo de Hombre
Río Servón
Roblellano
Rodeo
Servón
Tres Cruces
Vado Garganta
Vado los Molinos
Valdelageve Casco Urbano
Valdelayegua
Valdibuetre
Valdicojo
Valtraviesa
Valtruijillo
Valle Fresnos
Valle Marcos
Valle Mingo
Vega de las Ánimas
Vega Larga
Vega Loba
Viñas de Arriba


(Fotografías: Juan-Miguel Montero Barrado)

martes, 21 de enero de 2014

La matanza

Era un acontecimiento más que cada año se celebrara en casi todas las familias del pueblo la matanza, en la que, debido a su trabajo, participaban también las personas más allegadas.

El engorde

Desde la compra del cerdo hasta su sacrificio solían transcurrir de 10 a 12 meses. Los cerdos solían estar metidos en una pequeña pocilga, sita en un lugar del
corral, que, a su vez, servía para que en algunos momentos del día los sacasen con el fin de que anduviesen. Mientras tanto, los propietarios aprovechaban el momento para limpiar y sacar el estiércol de la porquera, preparar una nueva cama para los animales, bien de helechos, paja o ambas cosas. Había épocas del año en que también los sacaban al campo.

La alimentación, solía ser variable según las épocas, pero la principal  era la aportación de los restos de las comidas de las casas, siempre cruzadas con salvaos. En la época de las verduras no faltaban las berzas, las patatas, las calabazas, las remolachas…, siempre acompañadas de granos de cebada o trigo. En el otoño no podían faltarles las ricas castañas. Cada cerdo solía llegar a alcanzar aproximadamente 18 arrobas, es decir, unos 200 kilogramos, dependiendo de la raza.

La matanza

Siempre se llevaba a cabo entre los meses de diciembre y enero, aprovechando los días de mucho frío y, a poder ser, sin niebla ni lluvia. Bien es cierto, como dije al principio del escrito, que era un trabajo muy fuerte para todos los que tomaban parte en él, pero, a la vez, también era una fiesta que se venía preparando durante semanas anteriores. Además, siempre los buenos ratos hacían olvidar a los malos.   

La víspera por la tarde las mujeres comenzaban el trabajo, que consistía en trocear y pelar las calabazas que luego iban a ser metidas en una caldera de cobre para ser cocidas en varias tandas. Esta cantidad estaba proporcionada a las morcillas que se pensaban hacer. En la última tanda se cocía también la cebolla. Luego todo el conjunto se metía en un saco, se presionaba para sacar el líquido y seguidamente se colocaba en el balcón, poniéndole encima unas piedras para que acabase de escurrir el agua durante la noche.

Al día siguiente se juntaban los hombres, que revisaban y preparaban los cuchillos y demás utensilios para tal menester. Mientras se tomaban unos vasitos de orujo, de la cosecha propia, junto con algunas perronillas, también elaboradas en casa. A continuación todos tenían que poner la máxima atención a las palabras que les dirigía el matachín, posiblemente la persona más conocedora y hábil para llevar a cabo la matanza, que se hacía siempre en la calle.

Para comenzar bien el trabajo el matachín clavaba el cuchillo en el pescuezo lo más certero posible, para no prolongar la muerte del animal. Las  mujeres recogían la sangre en un barreño, mientras otras no dejaban de removerla, para que no se cuajara, que además era otro ingrediente más para hacer las morcillas frescas.

Una vez desangrado el animal, comenzaba el chamuscado. Para ello el cerdo se colocaba encima de una especie de cama, hecha con helechos secos. Luego se le cubría por encima con otra capa vegetal y se le prendía el fuego. Los hombres eran los encargados de  chamuscarlo. Había que eliminar todo el pelo. Luego venía el raspado del resto y en algunos casos el lavado con agua caliente.

Acabadas estas tareas comenzaba la labor propiamente de la matanza. Es aquí donde intervenían todos los brazos prestos a colaborar y de ahí, como al principio indiqué, la necesidad de tener ayuda de familiares, amigos o vecinos.

El matachín, con la ayuda del grupo, procedía a abrirlo
y descuartizarlo, separando las distintas piezas según la utilidad y tratamiento que iban a tener: jamones, lomos, solomillos, tocino, panceta, espinazo, costillas, etc.

Eran las mujeres, dada su destreza, agilidad y capacidad de sufrir, las que iban a lavar las tripas a los regatos. Las de la parte de arriba del pueblo acudían al que bajaba del alto de La Gesa, llamado el arroyo Gerrao. En algunos casos, dada la falta de agua, tenían que bajar al río Cuerpo de Hombre. Las de la parte de abajo se dirigían al  que pasa por las cercanías de la fuente de Acullá, que se encuentra en la zona del Servón.

Otras mujeres se quedaban preparando el almuerzo, del que, en breve, buena cuenta se iba a dar, dentro de la armonía y alegría reinante. Lo formaban unas sopas de ajo con sangre, hígado frito con cebolla, las chicas con el mismo preparado o parecido, el rabo que tanto les gustaba a los niños, etc. Todo ello regado con un buen vino de cosecha, las canciones y los chistes como complemento. Y era mejor cuando, en casos muy puntuales, se tenía la suerte de estar acompañado por el sonido de la gaita y el tamboril.    

Acabado el almuerzo, se continuaba con las tareas. Las mujeres, atando tripas, machacando especias para unirlas con sal, ajo molido, pimentón, orégano… Los hombres, despedazando, separando y picando las distintas partes del animal a cuchillo, según las diversas clases de embutidos que se iban a hacer al siguiente día: salchichones, chorizos gordos de lomo, chorizos comunes, bofes,  morcillas… y hasta barrigá o vejigón.

El tercer día era más relajado. Estaba dedicado, entre otras cosas, a embutir. Para ello se colocaban las mujeres alrededor de la artesa llenando las tripas por medio de los “envasadores”, que eran embudos pequeños metálicos, de las carnes picadas y mezcladas con el adobo preparado el día anterior. Una vez llenas, pasaban a ser atadas por las mujeres mayores, que eran las mejores para esta labor. Creo necesario aclarar que primero se llenaban los chorizos blancos. Después, los rojos. Le seguían las morcillas, en concreto una clase de ellas, que era la principal, hecha con calabaza, gorduras de cerdo, pimentón de la Vera, sal y orégano. También se hacían los bandujos y la barrigá o vejigón, que eran los estómagos de los cerdos. El primero, de la hembra y era el más pequeño y redondo. El segundo era mayor y más alargado. Los dos eran  rellenados con trozos de panceta y papada de cerdo debidamente adobados.

Terminado todo el proceso, los embutidos eran
colgados en la cocina, bodega o desván hasta su curación, que solía ser alrededor de un mes, siempre que las condiciones climatológicas fuesen las más adecuadas o apropiadas.

Refranes 

Para concluir, voy a referirme a algunos de los muchos refranes dedicados al cerdo:

“A cada cerdo le llega su san Martín”.
”Del puerco, hasta el rabo es bueno”.
“El que nace lechón, muere cochino”.
“El mejor vecino, un buen tocino”.
“Del cerdo me gustan hasta los andares”.
“A cada lechón le llega su san Antón”.
…

(Las fotografías son de Juan-Miguel Montero Barrado y están tomadas durante una matanza hecha en el pueblo de Guijuelo).