domingo, 14 de noviembre de 2010

Una carta del doctor Almeida

Al leer cinco magníficos capítulos escritos por mi querido amigo el doctor Almeida en la revista Salamanca Médica, editada por el Colegio Oficial de Médicos de Salamanca, y dedicados a “Salamanca románica”, no tuve más remedio que remitirle una misiva, dándole mi opinión por ese estupendo trabajo.

También hice un recorrido por toda su magnífica labor desarrollada, tanto en la Facultad de Medicina, dentro de la docencia, exactamente en la asignatura de Anatomía, como en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca. Aproveché el momento para hacerle un esbozo sobre los pasos seguidos en su vida profesional y que conozco bastante bien.

A pesar de sus grandes conocimientos, jamás le vi poner un mal gesto, siempre se le veía alegre y a pesar de ello, todos, incluso sus alumnos cuando estaban reunidos en las sesiones clínicas, le tenían un gran respeto y no digamos los pacientes al verle con esa sonrisa en la cara irradiando una humanidad poco común.

Pero he aquí que al concluir su vida laboral como traumatólogo y después de un examen previo, hizo la carrera de Bellas Artes. El tiempo de ocio lo emplea en pintar, leer, estudiar, pasear…, aunque lo de pasear es un decir, puesto que por todos los lados lo paran sus múltiples amistades para conversar con él. Tal es así que de vez en cuando no tiene más remedio que aislarse en su chalet.

Creo, que podría extenderme mucho más, pero pienso que es suficiente lo ya narrado sobre mi buen amigo. Ahora, sólo resta que leáis la carta que hace unos días recibí.


Salamanca 23 de agosto 2010

Mi querido amigo Monterín:

Te agradezco mucho las palabras que dedicas a mi actividad como escritor sobre arte, pero sobre todo como amante del arte de Salamanca. Te conozco desde hace mucho tiempo y sé que hablas con el corazón, sin dobleces y sin ningún atisbo de adulación. Créeme que yo también siento admiración por ti, porque tienes un gran corazón y una cultura poco común para no tener estudios universitarios: amas la música, sobre todo el "bell canto", personificado en tu admirado Alfredo Kraus, y has demostrado sentirte atraído por la cultura popular, por el amor a tu tierra y porque te vuelcas con los amigos, los desprotegidos, etc... Creo que te conozco bien y puedo decir que tienes un "corazón de oro" en lenguaje popular. Sigue así todo el tiempo que Dios te conceda de vida y no mires para atrás; sobre todo trata de olvidar a todos los que te han hecho daño y responde con gesto de cristiano: ofreciendo bien por mal. Un fuerte abrazo con la admiración y cariño de tu amigo Pepe Almeida.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La Calzada Romana desde tiempos inmemoriales

Con la llegada de Aníbal a Salamanca y posteriormente de los romanos varios pueblos se encontraban situados en la parte central oeste de la península Ibérica, entre España y Portugal y donde está situada la actual provincia de Salamanca. Eran los vetones y los vaceos. Durante la dominación romana esta parte de la Península y sus diferentes pueblos quedaron dentro de la provincia de Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta, la actual Mérida.

Los vetones.

Era un pueblo de céltico de origen indoeuropeo, que se asentó en lo que hoy es el sur de la provincia. La base de su economía consistía en el pastoreo. Se alojaban en castros, que eran fortificaciones de cuatro o cinco metros de altura, y en sus alrededores colocaban piedras puntiagudas hincadas en el terreno con el fin de impedir los ataques de sus enemigos tanto en caballos como a pie. Como prueba de la existencia de este pueblo prerromano tenemos los toros o verracos de granito, que son esculturas zoomórficas y uno de los elementos más característicos de su cultura. También hay restos de aras, que eran altares que servían para hacer sacrificios y cultos sagrados.

En Monleón se encuentra un verraco y en Valdelageve, parece ser, se encuentra un ara, la cual no he podido llegar a verla al ponerme muchos impedimentos el poseedor de la misma. Posiblemente tenga miedo a quedarse sin ella. Mi paisano me dice que es una piedra grande y rectangular. Al norte de la provincia de Cáceres tenemos otra ara, incrustada en la pared de la iglesia parroquial de Aldeanueva del Camino. Esta noticia me la dio mi amigo Julio García Arroyo, gran conocedor del tema y escritor, que casualmente ha titulado su último libro como Vetones, editado por el ayuntamiento de Aldeanueva del Camino e impreso por Gráficas Hervás en agosto de 2010. También me detalló perfectamente cómo en Segura de Toro se halla otro verraco, que da nombre al pueblo, algo que desconoce la mayor de la gente.

Los también nos dejaron como herencia el juego de la calva, tradicional dentro de nuestra provincias castellanas. Aquí concluyo con este corto trabajo que coincide con el tema que a nosotros nos interesa.

Los vaceos.

Se introdujeron por el valle medio del Duero para asentarse definitivamente en el noroeste de nuestra provincia, exactamente donde se encuentra la comarca de La Armuña. A diferencia de los vetones, los vaceos eran de carácter agrícola.

Un poco de recordatorio.

La Calzada Romana fue la principal vía de comunicación por el oeste peninsular, desde Hispalis, al sur, hasta las actuales ciudades de Gijón y Avilés, en el norte. Más al sur de Hispalis llegaba hasta la desembocadura del río Guadalquivir. Fue una importante ruta comercial y militar. Con la llegada de los árabes en el siglo VIII el nombre cambió y comenzó a conocerse popularmente como Balata, Balatha o Al Blatha, que quiere decir camino ancho y empedrado y que al pronunciarse suena plata. Vía en latín equivale a camino por el que se transita. De ahí que desde la Edad Media la antigua Calzada Romana tomase el nombre de Vía de la Plata.

Me ha parecido interesante alargarme un poco más en el escrito con el fin de aclarar la diferencia entre los dos nombres. Retomando, todo el recorrido llegó a ser la auténtica columna vertebral del oeste de la Península y sobre ella se estructuró gran parte de la Historia de España.

Ya en la época del reino de los Tartesos, entre los siglos VIII y III antes de Cristo, en los alrededores de la desembocadura del río Guadalquivir, se transportaban minerales procedentes de las que luego fueron las provincias romanas de Lusitania y Galaecia. Por esa ruta se romanizó el oeste peninsular de sur a norte, aprovechando sus trayectos y, como todos conocemos, mejorándolos, ya que valoraron la importancia de esa ruta. A partir del siglo V se germanizó con la llegada de los visigodos e incluso sirvió para islamizar la Península desde el siglo VIII. Y como contra, fue también una vigorosa vía de expansión de los reinos cristianos del norte hacia el sur.

El arte jugó una buena parte en este camino. Embelleció nuestras ciudades con piedras y ladrillos, de ahí nuestros monumentos romanos, románicos, góticos, árabe-musulmanes, mudéjares, etc. También en torno a esta vía se desencadenaron algunas batallas que dieron grandes victorias contra los árabes o la independencia contra los franceses.

Entre unos y otros pueblos invasores, incluidos los romanos, visigodos, y árabes, dejaron a la Península “limpia” de algunas cosas, como los metales. De ahí que ahora nos encontremos por doquier toneladas de tierras removidas o escorias de minerales, entre los que se encuentran las de los alrededores del arroyo Servón de Valdelageve, hoy imposible de verlas por la forestación de la zona.

Para acabar.

Con el fin de intentar terminar este capítulo más agradablemente y sin dejar de mencionar la Calzada Romana, debemos pensar que también fue muy utilizada para que grandes de nuestros guerreros, pensadores, religiosos, etc. lo utilizasen no sólo para conquistar el Nuevo Mundo, sino para formar, educar, enriquecer culturalmente todo aquel terreno que hasta nuestra llegada se encontraba con otros conocimientos muy diferentes.

Y nada mejor que finalizar con unas palabras de mi buen amigo Vicente Sánchez Marcos, salidas de su corazón y que transcribo aproximadamente según me las mencionó:

“La Calzada Romana tiene un corazón universitario: 22 universidades fueron fundadas con los estatutos de la Universidad de Salamanca y quienes lo hicieron, caminaron por la Calzada Romana. Tiene un corazón de descubrimiento y conquista, pues Colón y luego los conquistadores la usaron para salir y volver, llevando y trayendo”.

(Fotos. Juan-Miguel Montero Barrado)

sábado, 23 de octubre de 2010

Catastro del Marqués de la Ensenada

El marqués de la Ensenada proyectó un sistema de contribución única para Castilla en el año 1749 y llegó a realizar un catastro en las 22 provincias castellanas durante los años 1750-1753. Las dificultades, nacidas del coste de los trabajos previos y la resistencia ofrecida por los propietarios, sobre todo los nobles que se negaban a declarar sus bienes, obligaron a abandonarlo.

No voy a extenderme en esto capítulo, dada su complicación, pero sí puedo hacer algunas referencias que nos resultarán curiosas, toda vez que lo referente a Valdelageve está escrito en el año 1752, cuando todavía el pueblo pertenecía a la jurisdicción de Villa de Montemaior (actualmente Montemayor del Río). De igual manera nuestro pueblo era designado con las variantes de Baldelajeve, Baldelagebe, Valdelageve o Valdelajeve.

Una información importante presentada en el Catastro se refiere a los distintos pagos que los vecinos debían efectuar. Como era propio del Antiguo Régimen, los campesinos de estos pueblos, que eran casi todos los vecinos, pagaban distintas rentas al conde, como señor de las tierras, tanto en dinero como en especies. Además, a la Iglesia, y en concreto al Obispado de Coria, pagaban unas rentas que eran conocidas con el nombre de diezmo. De estos pagos tenemos constancia escrita.

Debido a la dificultad y monotonía del documento, ya que todos o casi todos sus datos corresponden a actas, ordenanzas, etc. he escogido a modo de testimonio un capítulo, parcialmente retocado, para hacernos una idea de cómo escribían y se expresaban en aquella época.

Libro personal de Baldelajebe.


“Libro que contiene ttodas las Cavezas de Casa, sus familias, Nombres, Edades y Oficios destte Lugar de Baldelajebe, jurisdizion dela Villa de Montemaior...

Labradores:

__ Juan Mattas de quarenta años, su mujer Maria Gallega y sus Hijos y sus Hijos Juan y Leoxo, el primero de veintte años y el segundo de doze.

A continuación simplifico de la siguiente manera:

__ Alonso Muñoz de 72 años. Su mujer Maria de la Fuente.

__ Juan Marttin Mozo, de 34 años. Su mujer Cattalina Garcia. Hijos Maria y Angela.

__ Juan Marttin Maior, de 58 años. Su mujer Maria Mattas. Hijos Antonio, Fernando, Ana, Angela, Cattalina.__ Juan Garcia de 70 años. Su mujer Cattalina Gallego.

__ Francisco Gomez, de 54 años. Hija Josepha. Criado Agustin Jill.

__ Francisco Garcia, de 66 años. Criado Juan Gomez.

­­__ Manuel Marttin , de 54 años. Su esposa Isabel Garcia. Hijos Juan, Anttonio, Fernando, Maria.

__ Manuel Marttin, soltero, de 27 años. Su madre Isabel García. Su hermana Maria Marttin.

__ Pedro Mattas, de 36 años. Su mujer Maria Hernandez. Hijos Juan y Maria.

__ Pedro Cazo, de 76 años. Viudo.

Jornaleros:

__ Alonso Garcia Mozo, de 30 años. Su mujer Ana Marttin. Su hijo Juan.

__ Alonso Garcia Maior, de 39 años.

__ Alonso Marttin, de 55 años. Su mujer Isabel Garcia. Hija Maria.

__ Andres Gamazzo, de 35 años. Su mujer Teresa Muñoz. Hijos Alonso, María, Lucia.

__ Bernardo Gallego, de 35 años. Su mujer Maria Mattas. Hijos Simon y Francisca.

__ Francisco Hernández, de 44 años. Su mujer Lucia Caro. Hijos Pedro y Maria.

__ Francisco Marttin, de 52 años.

__ Francisco Rodriguez, de 42 años. Su mujer Catthalina Gallego. Hijos Juan y Manuel.

__ Francisco Mattas, de 43 años. Su mujer Isabel Hernandez. Hijos Francisco, Domingo, Diego, Joseph, Maria y Manuela.

__ Juan Sanchez Caro, de 44 años. Hijos, Juan, Bernardo, Anttonio, Joseph,

Pedro y Rosa.

__ Juan Sanchez de Juan, de 42 años. Su mujer Ana Garcia.

__ Juan Martin del Rio Malo, de 70 años. Su mujer Ana Gomez. Hijos Sebasttian, Miguel, Manuel y Gabriel.

__ Jacinto Guerrero, de 20 años. Su mujer Ana Gallego.

__ Marcos García, de 35 años. Su mujer Cattalhina Gomez. Hijos Marcos y Juan.

__ Marcos Jill, de 50 años. Su mujer Josepha Mattas. Hijos Sebasttian, Juan, Maria y Manuela.

Viudas:

__ Ana Alonso. Su hijo Juan Gonzalez.

__ Ana Gallego.

__ Catthalina Marcos.

__ Maria Caro. Su hijo Joe Mattas.

__ Maria Rodriguez. Su hija Angela Morales.

Con lo qual se acabo y ferreizo este libro de vecinos, Cavezas de Casa, con la rreferida Apxesion desus nombres y Apellidos, numero de personas de sus respecttibas familias, Esttados, Edades y Oficios. Incluiendo en el numero delos Labradores y Jornaleros en la Notta de lo Personal que ba separada destte Libro solamente aquellos que que han Enttrada en los Diez y Ocho años hasta haver cumplido los Sesentta: En conformidad del Capittulo Veintte y Zinco de la Instittuczion y con arreglo alo que rresulta allas relaciones. Nottas puestas asus Marfenes y Dilifenzias Verificattibas enel reconocimiento practticadas firmalo enestte Lugar de Baldelagebe a Cattorze de Marzo de Mil settezientos Zinquentta y dos.

Firmado: Dez. Bentura Estevan de Valencia. Joseph Perez de Abila”.



domingo, 17 de octubre de 2010

Diferentes vías que pasaron y pasan por Valdelageve

Mis queridos paisanos y amigos lectores, al comenzar este capítulo voy a introducir una pequeña cuña, que seguro que les va a agradar. La calzada romana, posteriormente llamada Vía de la Plata, como ya he escrito en otra ocasión, iba desde Sevilla hasta Astorga, pasando por Puerto de Béjar. Creo que ahora es el momento para hacer solamente un poco de historia de la época romana.

El ramal desde la antigua mansión Caelonicco hasta La Alberca

Efectivamente en las cercanías de Puerto de Béjar y Peñacaballera había una mansio (mansión) llamada Caelionicco, que era un núcleo de población situado junto a la calzada y en el que se encontraba un fortín militar para descanso de los soldados o mercaderes tras una jornada de marcha.

Siguiendo el tema que nos interesa, una de las desviaciones más utilizadas en la Edad Media debió de ser la que, partiendo de la calzada, se dirigía a Peñacaballera, que conducía al santuario de la Virgen de la Peña de Francia. A partir del hallazgo de la imagen el 19 de mayo de 1434 por el francés Simón Vela (su nombre familiar era Simón Roldán, natural de París), los peregrinos que marchaban a Santiago se también sentían atraídos por el nuevo santuario mariano.

Este ramal, una vez pasado Peñacaballera, discurría por El Cerro, Lagunilla, Valdelageve y Sotoserrano para llegar a La Alberca, que cruzaba por su calle Mayor hasta la plaza donde estaba instalado el Hospital y Alberguería para peregrinos. Años después se la denominó La Casa de por Dios, de la que dicen que por la tarde estaba alumbrada con un farol de aceite. Y ya el último cambio que ha tenido, ha sido, después de ser derribada totalmente, que en su lugar se ha levantado otro edificio al que se le ha dado una piso más. En la planta baja está la Biblioteca Pública Municipal, mientras la primera planta está adaptada para la Asociación de la Tercera Edad.

La Puente Caía

La Puente Caía o Puentecaía era un puente que tiene cuatro machones y está situado en una curva del río, a contracorriente. Por él parece ser que pasaba el Camino Real que viene de Montemayor, donde se le conoce con el nombre Camino Real del Monte, y llegaba a Valdelageve. De aquí se bifurcaba en dos: un ramal, empedrado y ancho, atravesaba el arroyo del Servón; y el otro seguía la actual carretera de Sotoserrano por una cortada de la sierra que se bajaba hasta los Puentes del Soto, uno sobre nuestro río Cuerpo de Hombre y el otro sobre el río Alagón, que vierten sus aguas en el pantano de Gabriel y Galán.

Los machones del puente mayor sobre el Alagón en forma de diamante son, según don Saturnino Jiménez, de origen romano, aun cuando, después de mis posteriores averiguaciones, parece ser que es medieval. Hace muchos años se le llamaba Puente de las Herrerías y coincide con que por él pasaba el camino general que surcando Río Malo de Abajo, iba por Caminomorisco, ambos pueblos de la provincia de Cáceres, y se adentraba en Portugal por San Martín de Trevejo. No me cabe la menor duda de que todo esto necesita una más profunda verificación.

Las huellas de caminos y puentes que siguen la cordillera central me hacen pensar en una ruta militar al abrigo de los bosques, utilizada tanto por los romanos que perseguían a los rebeldes lusitanos hasta el actual Portugal, como por los árabes (Caminomorisco: camino de los moros) que lo siguieron después. Todos estos puentes pudieron ser repetidas veces destruidos y reconstruidos sucesivamente. En Valdelageve tenemos, por ejemplo, el llamado puente del Moro y río abajo la Puente Caía. En Montemayor sufrieron la misma suerte Puentepalo, Puentehundida o Lamalena (La Magdalena).

La Cañada Real o Cordel

Constituía otra vía importante de carácter pecuario, por la que se desplazaban los rebaños de ovejas de la Mesta (asociación medieval de ganaderos) desde Castilla y León a Extremadura y viceversa. La Cañada pasaba, entre otros pueblos, por Pinedas y Colmenar de Montemayor, atravesaba la Puente Caía, entrando en Valdelageve y bajando hacia el arroyo del Servón. Más adelante, a ochocientos o mil metros, pasado Valdelageve, en la ruta hacia Extremadura existía una casa-posada y, por supuesto, un casero, que es el que se encargaba de cobrar como tributo el portazgo a todos los rebaños que hacían la trashumancia tanto de ida como de vuelta.

De ello se beneficiaba el marquesado de Montemayor y posiblemente la iglesia. Desde los tiempos de la desamortización de Mendizábal, hacia los años 30 del siglo XIX, el ayuntamiento comenzó a sacarlo a subasta, adjudicándolo al mejor postor. En la posada se detenían los carguilleros de Ciudad Rodrigo, La Alberca y otros pueblos que iban a Zarza de Granadilla, Aldeanueva del Camino, La Abadía, etc. en busca de plantas, semillas tempranas, tomates y frutas, que transportaban a los diferentes mercados de nuestra provincia. Esto quiere decir que esta vía tuvo bastante vida por el comercio y el tránsito de ganado con dichos pueblos extremeños.

(Fotos 2 y 3: Juan-Miguel Montero Barrado)