miércoles, 21 de agosto de 2013

El Gato Montés

Mis queridos paisanos y amigos, por alguno de mis escritos sois conocedores de mi afición por el bel canto. Estos últimos días he estado nuevamente escuchando y estudiando la ópera cuyo nombre lleva el título de este escrito y cuyo autor es el maestro Manuel Penella Moreno. Utilizo lo de estudiar, porque, como en otras me gusta introducirme hasta el interior de sus entrañas. La obra es una de nuestro repertorio español que, dada su singularidad, hace que sea diferente y, en una sola palabra, nuestra, tan nuestra, que en varios momentos hace que nos sintamos dentro de ella.

Dados esos momentos y emociones pasadas, lo primero que se me ocurrió fue preparar un relato sobre la misma y plasmarlo, sin más, en este cuaderno, pensando que seguramente pueda haceros partícipes de estos momentos tan agradablemente sentidos y, además, vividos con intensidad.

En un principio, pensé escribiros la referencia del disco, pero luego he creído conveniente colocaros la carátula del CD, que, si os dais cuenta, tiene un platel de primera línea.

También quiero haceros saber que esta ópera la lleva Plácido Domingo en su repertorio y allá donde la representa, el éxito esta asegurado.

Sinopsis de El Gato Montés

Acto primero

1. En el cortijo espera Soleá al torero Rafael, lo comenta con su madre Frasquita, dice que viene herío según un telegrama recibido, pero que no ha sido na. Soleá  lo quiere “má q´a la lú der día”… Entra el padre Antón con su saludo “Ave, María Purísima”, preguntando “¿cuándo yega mi ahijao?” e indicando “ya he sabío q´en Madrí, hasta en hombro lo han sacao”. Tiene mucho salero, porque a él en su bautizo éste se me vorcó.

2. Llega Rafael, la gente le aclama y éste canta: “¡Maresita! ¡Soleá!...”. Rafael y Soleá quieren besarse, pero Hormigón, separándoles, dice: “¡Niño¡ ¡Q´hay vesita¡ Deja eso p’a despué!”. Saluda a todos sus amigos y Hormigón continúa: “Señore, un momento, q`e os voy a presentá ar nuevo menumento”, (señalando a Rafael)... Continúan hablando y entre él, Rafael y el padre Antón narran a todos la feliz corrida: “¡Que viva el gran mataó!”. Rafael y Soleá se acarician, luego Rafael pide una caña de mansaniya, mientras todos solicitan: “¡Empiese la juerga y venga jaleo!”.

3. Aparece la gitana: “¡Salu p´a la gente güena…”.Pide permiso a la pareja  para unirse a la juerga, se lo conceden y llama a los gitanillos. Más tarde ésta quiere leer la güena ventura a Rafael, Soleá no quiere, pues tiene mieo, pero... la primera raya le marca triunfos y riquezas, más tarde se cruzará de un hombre en su camino, pero no habrá que temerle si no se le hace caso… Luego descubre otra, que está rota y retorsía y le previene que no se arrime al toro porque puede encontrar la muerte. La gente quea muy triste, pero afirma haber dicho la verdá. Rafael insiste que delante de los toros la cara nunca se debe volver. Con la gente otra vez contenta, la juerga y el jaleo continúa.

4. Rafael canta “Soleá, toma esa caña de masaniya, bebamo junto que sabé quiero lo secretiyo de mi chiquiya…”. “Pué voy a bebé, y tós mi secretos lo va tu a sabé…”. Aparece el Gato, que baja de la sierra junto con tres bandidos. Serio dice: “¡Güena  tarde!”… “D´aquí no se marche nadie…!. Se dirige a Rafael, luego a Soleá y entonces se produce una disputa entre los tres. Rafael pide a Soleá explicación, ella contesta: “¡No sé na!”. Pero el Gato ruega que le diga que lo quiere.

5. El Gato insiste, para finalizar: “¡…mía o de naide ha de sé!”… “¡por ella maté a un hombre y fui a la carse, y me jugué la vía por libertarme, por verla me eché ar monte y soy  bandío…!”. “Cómo he de orvidarla si pa ella solo he vivío...”. Hormigón y la gente le piden que huya a la sierra. El Gato se va.

6. Soleá, cantando, le cuenta al padre Antón en secreto de confesión: “Junto, dende chavaliyo por la carretera íbamo lo do, libre como pajariyo que vuelan a la volunta de Dio. Er me quiso y yo le quise... A un gachó que me quería cara a cara, lo mató…”.

7. Se despiden Hormigón y Rafael asegurándole éste que el jueves estará en Sevilla, enviando un saludo a la cuadrilla. Soleá y Rafael vuelven a entablar conservación y se observa cómo el amor y el cariño van incrementándose, para terminar cantando: “Siempre así, siempre así”. Un pastorcillo canta una copla: “A una gitaniya quiero y esa gitaniya é mía, er que quitármela  quiera tiene pena de vía”. Rafael pregunta a Soleá: “¿quién canta esa copla?”. A lo que ella le contesta: “no lo sé”. Eso no le gustó a  Rafael y se enfureció. Aparece nuevamente el Gato, busca disputa, pero no llega a luchar porque Soleá quita el cuchillo a Rafael y lo arroja a un pozo. El Gato amenaza a Rafael diciéndole: “O dejas a esa mujer o juro que he de matarte”. Rafael le contesta que mientras viva, esa mujer “será siempre mía”. Pero el Gato, antes de marcharse, le recuerda: “En Seviya er domingo mata sei toro en la corría. Macareno (como llamaban a Rafael en el mundo taurino), q´e te lo juro por mi queré, q´e si elante d´un toro tú no te deja coge, ande t´encuentre te mato, lo juro por esa mujé”. Ahora conversan Soleá y Rafael, Frasquita sale del cortijo y, abrazándose a su hijo, éste canta: “¡Maresita!. ¡Aquí está la única verdá en la vía! ¡Esa sí q´e e la verdá!”.

Acto segundo

1. Preludio.

2. Rafael, ya en Sevilla,  se está preparando para la corrida. En ese momento está en el balcón observando el típico patio andaluz, se encuentra contento y optimista y canta: “¡Vaya una tarde bonita, q´e jase pa toreá!, bendita sea mi Andalusía!”. No puede ponerse la corbata y le dice a Soleá que le haga el nudo con sus manitas de plata. Al comenzar, Rafael le besa las manos, ella se molesta y Rafael contesta: “te he besao como besan lo pie de Cristo crusificao”. Pero terminado de hacerlo, le vuelve a decir: “No me pueo aguantá, ¡toma!”, y la besa en la frente, a lo que ella contesta: “Ahora me va desí q´ha besao a Santa Rita”. Rafael, abrazándola, canta: “¡Que grasiosa e mi  gitana! ¡Que presiosa! ¡Que bonita!”, para decirse una vez más que se quieren y cantan el famoso pasodoble que lleva el nombre de la ópera, El Gato Montés: “¡Tuyo!, ¡si!, torero quiero se, y a torea p´a ti, q´e yo por ti, gitana mía, elante de lo toro me juego la vía”.

3. Aparece por el patio Hormigón, que ha visto a los miuras y le dice a Rafael: “¡Son sei catedrale”. Continúan hablando y seguidamente Rafael va a arreglarse. Mientras Hormigón le pide a Soleá que le prepare una mansaniya, se la bebe y dice: “Si no fuera por er vino no sardría yo a picá”. Entonces Soleá le cuenta cómo Juanillo -nombre del Gato Montés-, jurando por su queré, le dijo a Rafael: “si no te dejas coje por un toro, ande te encuentre, te mato”. Entonces Hormigón se da cuenta: “Aqueya gitana tenía razón”. Siguió Soleá diciendo, “Fue una profesía”. Contestando Hormigón: “¡O una mardisión”. Su madre de esto no sabe nada. A Rafael se le nota preocupación y canta: “No t´apure tú, chiquilla, mañana en toa Sevilla s´hablará der Macareno”. Llega el padre Antón y con él se animan unos a otros. Rafael pide un beso a Soleá, se abrazan, se besan y... adió. Soleá implora a la Virgen y se abraza a Frasquita.

4. Intermedio.

5. La plaza está llena a reventá y Rafael tiene muchas ganas de torear. Reúne a los peones, los saluda y les dice que cada uno cumpla con su obligación. Hormigón le dice que Soleá le ha contado toda la verdad y le pregunta: “dime qué piensa tú  hase”. A lo que Rafael le contesta: “¿Y tú me lo pegunta? ¡Yo jago en toa parte lo q´e mi obligación!”. A lo que Hormigón le responde: “Está bien, pero esa amenasa  del Gato Montés...”. Rafael, sonriendo, le dice: “Ríete tú de esa amenasa, er no conose a Rafael. Yo despacho sei toro y aluego matarlo a er”. Se va a rezar.

6º. Reza: “Seño, q´e no me farte er való, que sea er q´he sido siempre, eso e lo que pio yo…”. Llega el padre Antón y Hormigón aprovecha para irse también a rezar. El cura mira por el agujero de la cerradura: Hormigón hace como que reza un instante, luego saca un pañuelo, lo empapa en la pililla y lo estruja en la cabeza, así durante tres veces.

7. Se presenta el Alguacilillo diciendo: “Señó maestro, la hora e ya”. Se arma el revuelo natural y propio el momento, y entonces  se colocan detrás del Alguacil los monosabios, luego la cuadrilla del torero y le siguen a éstos los picadores a caballo. Se despiden de los acompañantes y amigos para comenzar a salir al ruedo.

8. Suena el famoso pasodoble “El Gato Montés”. La corrida ha comenzado, el maestro se marca unas verónicas y se oyen los olés. Entre música y aplausos crece el entusiasmo. Se presentan en la plaza Frasquita y Soleá. Ésta le ha contado a Frasquita toda la verdad y lo comentan con Hormigón, que, después de escuchar a ambas, las invita a que entren en la capilla. Pero ellas se niegan, prefieren ir a ver la faena, a lo que les dice: “q´hoy er niño está sembrao”. Música. Otra vez suena el pasodoble y luego gritos: el Macareno ha sido cogido. Ya en la enfermería y antes de morir, como un grito, dijo: “¡Maresita!” Soleá lo ve y... cae desmayada en brazos de Hormigón.

Acto tercero

9. Música. Soleá también ha muerto. Se ha hecho de noche, la luna brilla y el padre Antón dice: “La mató el doló, pobre gitanilla, que de pena murió”. Ahora yace en la cámara mortuoria. Están sentadas  Frasquita, Lolilla y una vieja. El padre Antón, vestido con sotana y bonete, espera que llegue Hormigón y cuando éste se presenta dice: “¡Qué bonita está!, parece una Virgensita!”. Pero nuevamente se marcha diciendo que se va al pueblo a arreglar esa cuestión.

10. Llega la gitana y los gitanillos con flores y cantan: “Ahí la tenéi  muertesita por la pena de yorá a su Rafaé”. Aparece por la puerta el Gato Montés, que escucha esta canción y furioso dice: “¡Mentira!”. Los gitanillos huyen y los demás quedan aterrados, pero él dice: “¡vengo a llorá!”. La gente le indica que se vaya, pero contesta que o lo sacan con ella o no se mueve de allí. Pero… en un momento de descuido, entra en la cámara y se lleva en brazos a Soleá.

11. Ya en su cueva canta: “Solea, ya no me quea na en er mundo”. Llega Pezuño y le avisa que viene la gente de la cortija, pero él no quiere abandonar la guarida. Hormigón y los acompañantes cantan: “Gato Monte, ya no t´escapa”. Y responde: “aquí estoy p´a entregarme”. Les arroja su cuchillo. Nada se mueve. Entonces el Gato ordena a Pezuño que le dispare al corazón. Éste lo hace y Juanillo, el  Gato Montés, queda herido de muerte. Se acerca como puede a Soleá, la toma con sus manos y queda unido a ella para siempre.


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