miércoles, 22 de junio de 2011

Fiesta de san Antonio

La fiesta de san Antonio de este año 2011 ha sido adelantada al día anterior, el 12 de junio, por ser domingo. Por motivos extras, que en otro apartado comentaré, el día comenzó con buen ambiente, pero aquí este gevato, aun llegando muy justo al pueblo, le dio tiempo a subir al ayuntamiento, ordenar y dejar preparada la biblioteca, coger la megafonía y, cómo no, cantar el “Perantón de Valdelageve”, dándole mucho aire y alegría a su entonación, algo que lo agradecen mucho mis paisanos.

Bajé, como siempre, corriendo. El tiempo estaba tan ajustado, que me encontré con la procesión saliendo del recinto de la iglesia. Quiero narrar cómo se distribuye el acompañamiento: en primer lugar va la Santa Cruz, que es llevada por un monaguillo que, a su vez, va acompañado por un segundo; detrás va el grupo de hombres, acompañados por el músico, que en este caso fue Rodolfo, hijo del pueblo que con su acordeón va tocando “La canción de los Pajaritos”; a continuación, la imagen de San Antonio y detrás del santo, el sacerdote, encargado de dirigir la procesión, para finalizar el grupo de mujeres.

Al llegar al pórtico de la iglesia el santo es colocado sobre una mesa y los feligreses van pasando delante, haciendo una reverencia y entregando una ofrenda. Lo curioso es que en este caso las que comienzan haciendo la ofrenda son las mujeres y después le siguen los hombres. A continuación el santo es metido en el templo con mucho fervor, mientras el acordeón sigue sonando.

Comenzó la santa misa y toda ella resultó esplendorosa. No faltó nada: don Pedro se sintió alegre como nunca e hizo que todos nos sintiésemos muy a gusto; el coro parroquial interpretó la Misa Castellana y Rodolfo hizo lo mismo con el acordeón; finalizó el acto cuando este gevato interpretó la canción que Alfredo Kraus le recomendó en cierta ocasión, es decir, “Pueblito, mi pueblo”.

A la salida del templo Rodolfo nos amenizó con algunas canciones, que hicieron que nuestra alegría subiese algunos grados más y nos pusiésemos a bailar. Después subimos al bar, también al son de la música, que no dejó nunca de sonar durante toda la mañana. Allí nos tenía preparado un ágape la nueva Corporación, precisamente formada el día anterior. El tiempo que pasamos fue muy bonito y entrañable, pues no en vano nos dimos cita y nos encontramos tanto los gevatos que están en el pueblo como los que fuimos a pasar la fiesta.

Ésta se alargó mucho más y es por ello que prefiera seguir contándolo en otro capítulo.

Gracias.

Foto: Juan-Miguel Montero Barrado

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